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viernes, 12 de septiembre de 2008

¿Qué hace falta para detener el tráfico de una ciudad?

¿Cojones? Bueno, hoy ha sido uno de esos días en que me he alegrado de ser usuario habitual del transporte público, al menos para asuntos de trabajo. Lo de arriba para quien no lo conozca es Oviedo, conocida entre otras cosas porque le gusta mucho a Woody Allen y porque el sonido más habitual allí es el claxon. Hoy hubo concierto.

Al salir de la estación, el edificio rojo arriba a la izquierda, procedo a atravesar la que es la calle principal, Uría, y me encuentro con los músicos habituales. Pero mirando a lo lejos, se notaba que debía ser algo gordo, no un simple atasquillo. Tan interesado estaba, que modifiqué parcialmente la ruta para darme cuenta de que era más de lo que imaginaba. Lo que ven en rojo es el atasco que yo vi con mis ojitos, lo naranja, lo que estimo por la baja, llegó a producirse, hasta que llegué al foco del atasco.

¿Qué había? No era una accidente gordo. Tampoco era un roce entre dos conductores que no querían mover el coche para que lo viera bien el seguro. Ni siquiera un coche averiado en un lugar complicado.

La gente miraba al coche y su conductor, como si fuera idiota. Creo que lo entiendo. Había un hombre apoyado en el coche con los brazos cruzados, una pasividad absoluta, pese a que se oían pitidos continuados. ¿Tenía el coche averiado? Quizás, pero pese a todo, estaba en una zona óptima para causar las menos molestias posibles, ya que siendo cuesta abajo considerable, sólo precisaba quitar el freno de mano y aprovechar la ley de la gravedad para meterlo en el enorme hueco que había entre otros coches estacionados (en amarillo).

Pensé en ayudarle, pero la verdad, su pasividad me parecía tan grande que no parecía importarle. Yo me habría puesto de los nervios buscando ayuda si me viera en una situación así sin saber que hacer. Vacilé y me fui. Afortunadamente vi a la policía local y decidí ser buen samaritano y cuanto menos, avisarles. Hice bien, aunque les habían avisado les dijeron mal la calle, con lo que se habría alargado el problema. Uno de los policías fue andando hasta allí y yo me conformé con verlo de lejos.

Me quedé impresionado cuando, nada más llegar el policía, el hombre movió el coche. Lo único que imagino le dio tiempo a hacer al policía fue decirle "por favor, aparte el coche". Hizo exactamente lo que se podía hacer incluso habiendo una gran avería. Lo aparcó entre los otros coches, imagino que aprovechando la cuesta abajo. O quizás no aprovechó nada porque funcionaba. Me gustaría saber por qué motivo se produjo un atasco así. Intuyo que en realidad, ni siquiera estaba estropeado el coche, y eso aumenta más mi curiosidad. ¿Por qué un hombre detiene su coche porque sí en una vía cualquiera y se queda de brazos cruzados?. Espero leer mañana algo en el periódico para enterarme.

Resulta sorprendente pensar como un coche parado en una calle cualquiera, el tiempo suficiente, es capaz de paralizar tanto en tan poco tiempo, y todo aparentemente porque sí. Y de la misma forma funciona nuestro sistema sanguíneo, y si a un trombo le da por bajarse y cruzarse de brazos...

Por cierto, lo primero que me sorpendió es que a nadie se le ocurrió, viendo que iba a durar mucho tiempo, apagar el motor del coche. Ya no por medio ambiente, sino por economía. Ahora, el claxon no se le olvidó a nadie, cuando era evidente que no valía para nada.